Fatídico número, señoras y señores, aunque me libro de la rima fácil de los veinticinco, ahora me encuentro más cerca de los treinta que de los veinte...
-"Pss, pss, oye"
-"¿Sí?"
-"No, nada... bueno, no es por joder, pero, en realidad, cuando cumpliste veinticinco, cada segundo que pasaba, estabas ya más cerca de los treinta que de los veinte."
-"Joder, qué pasa, ¿que ni siendo yo me puedo librar de mí mismo y mis correcciones? Me he dado cuenta ahora, así que váyame yo a la mierda."
- "Me voy tú a la mierda"
- "Gracias"
- "De nada"
- "Gilipollas, pedante..."
Después de esta pausa, importante para entender por qué esta reflexión la he hecho ahora, vayamos al meollo. Yo siempre he dicho que no hago balances, que la vida es un continuo, que no hay que atosigarse con metas anuales, que me cago en las convenciones sociales y un largo etcétera de frases de tío muy zen a la par que progresista. Bueno, lo cierto es que sigo pensando un gran número de ellas (las que recuerdo, al menos), pero el otro día, sin darme cuenta, caí en una conversación con la Muy Magnífica y Estupendísima Presidenta del Frente Gandíense G.P. (recordemos: G de apelativo inconfesable, P de presidente), a la que a partir de ahora llamaremos simplemente Presidenta. Tras un rato de uno de un poco frecuente monólogo animado, mi contertulia me preguntó: "qué raro estás, ¿qué te pasa? ¿Es la crisis del cumpleaños?"; a lo que yo respondí: "No sé®, ¡me siento bien!" Y, joder, ¡es que era verdad! ¡Subidónsubidónsubidón!
Antes no estaba tan bien, seamos realistas, nadie es ajeno a su entorno, tener veinticinco tacos y no haber acabado aún la carrera cuando tienes amigos que han acabado hace ya varios y están trabajando y hasta son funcionarios es una presión, sobre todo si además tienes padres (es mi caso). Sí, vale, equivoqué mi vocación, era muy joven para tomar una elección que determinaría el resto de mi vida, soy una víctima del sistema, quiero dejarme flequillo y hacerme emo... bla, bla, bla, uno se cansa de repetirse eso cada vez que conoces a alguien que ha sacado a su familia de la marginalidad, ganó algún premio fin de carrera, o cada vez que algún amigo se va a un país que te fascina a estudiar un master and commander o simplemente a trabajar algo menos explotado de la media. Por mucho que cada uno tenga su ritmo y su camino, la realidad es que las etapas vitales están delimitadas a unos márgenes de edad fuera de los cuales empieza a afectar la presión de lo que has aprendido sobre cómo debe ser una vida, lo que observas en otras personas cercanas y, sobre todo, cada pequeño grano de arena que cae en la balanza de la frustración cada vez que te preguntan en qué estás trabajando cuando dices tu edad. Vamos, que se me pasó el arroz para seguir siendo estudiante y como me descuide me voy a quedar para vestir hamburguesas.
Pero resulta que este año voy a hacer algo distinto, me voy a Madrid, que no es Nueva York, pero deja de ser mi amada Granada, la cómoda ciudad donde vivo con mis padres lo que no sólo supone un cambio, que siempre vienen bien para no estancarse, sino que además es un salto, ya que a pesar de no depender de mi trabajo, sí voy a depender de mí mismo para administrar lo que me den; tendré que aprender a cuidar de mí mismo en muchos aspectos y es algo que me encanta. Estoy satisfecho porque no sólo se me abren caminos nuevos, además, me doy cuenta de que por detrás tengo a esos amigos que llevan allí años y no se mueven, a los que no hace falta explicarles mucho para que te entiendan, que no es poco; mi familia que me apoya y me quiere; y toda esa gente que conozco que hace cosas que a mí me parecen increíbles y también se quedan ahí, compartiendo algo conmigo. Para mí esto significa que he conseguido algunas cosas en pos de uno mis objetivos: aprender a vivir en el mundo real quejándome lo mínimo posible por lo injusto que es conmigo. Como sé que va a venir una de mis más mejores y apreciadas amigas a decirme: -¡Sigues siendo un llorica! ¡Búscate un trabajo como yo! ¡Cien flexiones ahora mismo, recluta patoso! matizaré: al menos, creo que voy consiguiendo hacerme entender al resto de mortales.
En realidad sé que puede que lo tenga todo ya, pero se me ofrece la oportunidad de obtener más cuando todavía no me he quedado calvo ni he pasado de los ochenta kilos. ¿Es como para estar contentos o no? Pues que te jodan, tres y cero del infierno, cuando llegue a ti, seré yo quien venza.
Ah, en cuanto a la celebración, aquí sólo llegará el pobre pardillo que haya leído toda la monserga anterior, así que serán los únicos que sean invitados -incluir aquí gesto avieso-. Bueno, vale, venga, va, lo resalto para los poco masoquistas que no acabaran el texto:
Por la presente, el señor Maeso comunica que no tiene ni puta idea de cuándo será celebrado el cumpleaños de este año, ya que aún no tiene piso en Madrid y presumiblemente tendrá que ir a los efectos al acabar los malditos exámenes, las fechas variarán entre 19, 20, 26 y 27. Estén, pues, atentos a sus lectores de blogs, messengers, twitters, flickrs, tuentis, facebooks y demás medios para perder el tiempo, porque esta vez la fiesta será a la vez cumpleaños y despedida, para lo cual hay planeado algo más gordo de lo acostumbrado.
Escuchando: El nuevo de Metallica, para consolarme con que los años no pasan en balde para nadie.