Cuesta poner a escribir una crónica sobre un concierto de Roger Waters y no solo porque no creo haber sabido escribirlas nunca, es que, además, se cumple el puñetero tópico de que hay emociones difícilmente expresables mediante palabras. Si digo que la cita fue grandiosa, que hubo unas 20.000 personas que disfrutaron de un espectáculo musical de una ejecución técnica rayana al virtuosismo; con unos efectos de video que reforzaban la ya de por sí mágica atmósfera de la música de Pink Floyd; y una calidad en el sonido, que, salvo un primer apagón al principio, alcanzaba la perfección; estaría utilizando grandes palabras, altisonante, grandilocuentes, pedantes, que irremediablemente se quedan fofas, arrugadas como un globo deshinchado ante la etérea, luminosa y perfecta gran esfera que significó el concierto para mí.
De todos modos, esto de las crónicas es algo tremendamente subjetivo, cada cual vive la experiencia ante la música de forma distinta, así que yo me limitaré a contar mi historia, y quien quiera asépticos comentarios sobre lo que ocurrió, puede ver la crónica de indyrock, de la que yo, honestamente, sacaré el setlist, que por cierto está incompleto.
Mi acompañante y yo, por casualidad, conocimos a un gran tío en la parada de autobús, había vivido la época de los 70 en primera persona y fue abriendo boca para la noche con historias del grupo y amenas conversaciones sobre música. Tras lograr llegar al mal comunicado pueblo de Atarfe, seguimos el mejor señalado camino hacia el estadio de fútbol, acondicionado para el evento con dos grandes gradas en los laterales y otra más pequeña al fondo, una gran torre de sonido en mitad, tras una valla de contención y un magnífico escenario, en el que destacaban una gran pantalla de plasma que comprendía todo el fondo del escenario y, colgado de una grua, un prisma que debía encenderse mostrando con lásers la descomposición de un rayo de luz blanca en los colores del arcoiris, como la portada del Dark Side Of The Moon, en el transcurso de la interpretación de las canciones de dicho disco, pero que no llegó a hacerlo (imagino que por el diluvio previo).
Mientras nos dirigíamos al estadio, un precioso claro en el cielo tranquilizó nuestros nervios maltratados por la martilleante posibilidad de que el concierto se cancelara debido a la lluvia. Conseguimos un lugar cerca de la torre de sonido, a pesar de haber llegado apenas veinte minutos antes del comienzo del concierto y observamos el ambiente: Marta y yo éramos probablemente los más jóvenes en veinte metros a la redonda, el concierto, lleno de veteranos tomándose sus cervecitas y fumándose un porrito por los viejos tiempos, ofrecía una inmejorable panorámica gracias a la reducida estatura media del público.
No supimos distinguir muy bien si lo que descubrimos era una pantalla era en realidad un decorado -haceos a la idea de la definición- hasta que, después de una serie de temas clásicos, una mano con un cigarrillo encendido en la mano apareció en la pantalla y se bebió varios vasos de una botella de whiskey que había mientras sintonizaba distintas emisoras. Sale Mr. Waters a saludar con un tema de fondo de Maller, de la BSO de Muerte en Venecia, hasta que al fin la anónima mano sintoniza lo que parece un discurso militar con sonido de aviones de fondo y, con un mar de vellos erizados, los martillos andantes de The Wall rompen en la pantalla de mano del comienzo de In The Flesh. Lástima que al final del tema, el cacareado sonido de 360º fallara y sólo se escuchara el leve sonido de los monitores, lo que mandó al carajo la efectividad de los fuegos artificiales que lo coronaban. Al menos lo arreglaron pronto y a continuación, pudimos disfrutar de un entrañable Mother con la guitarra acústica de Waters y su envejecida voz, aún llena de matices, acompañado por la tremendísima voz solista femenina de Sylvia Mason.
Los temas de The Wall dejaron de sonar por el momento y un sol empezó a arder en la pantalla para dar paso a la psicodelia de Set The Controls of the Heart of the Sun, de la primera época del grupo, aún con el genial Syd Barret en su formación. Al final de la canción llegó para mí el apoteósis, aún se me encoge el estómago, se me eriza el vello y me asoman las lágrimas de emoción al recordar la concatenación de canciones del disco Wish You Were Here, mi preferido: la simplemente perfecta Shine On You Crazy Diamond, en la que dimos la bienvenida al emotivo saxofonista que nos acompañaría en varias canciones más, sobre imágenes del fallecido Barret en pantalla, a quien dedicaron el disco; el rock más animado de Have a Cigar; y, por fin, la propia Wish You Were Here, imagen del hombre en llamas incluída en video -esa persona a la que hemos echado tanto de menos que ardía en nuestra memoria- uno de los himnos de la banda sonora de mi vida desde que la escuché por primera vez hace seis años.
A continuación, Waters dio un repaso al último álbum de los Pink Floyd, The Final Cut, con dos temas; Southampton Dock y The Fletcher Memorial Home, para las cuales tenía un videomontaje con imágenes de emotivo contenido antimilitarista magnífico, con fotos de famosos asesinos como Bin Laden y Bush y frases acuñadas por gente de la misma calaña, como Pinochet y su "Sometimes democracy must be bathed in blood" ("De cuando en cuando la democracia debe bañarse en sangre para que pueda seguir siendo democracia"). Siguiendo con el mismo concepto, y empezando con la lluvia, Waters sacó a relucir dos temas geniales de su discografía en solitario: Perfect Sense, que culminaba con las imágenes de un submarino destruyendo una plataforma petrolífera, ambos en una piscina situada en el campo de un estadio gigantesco; y Leaving Beirut, ilustrada por las imágenes de un comic genial en pantalla, relatando una historia vivida por el propio Waters en un viaje a Afghanistan. Para mí fueron momentos perfectos; la música envolviéndome con la lluvia empapándome el pelo, gotas repiqueteando en las gafas a modo de lágrimas frías, le añadieron belleza a aquellos momentos, más allá de la terrena incomodidad y el frío. Ya en los estertores del aguacero el famoso cerdo flotante hizo su aparición durante la maravillosa Sheeps. A ambos lados el niño de las pinturas había graffiteado dos frases para reflexionar: "Todas las religiones nos separan" y "El miedo construye muros".
Tras un descanso de diez minutos en los que la lluvia nos abandonó por fin, Roger Waters volvió para comenzar a tocar el disco que da nombre a la gira comenzando por la sencillez lírica y musical de Speak to me/Breath. On The Run nos transportaría luego hasta los carillones de Time, uno de los temas bandera del grupo inglés que daría paso a la catarsis de los gritos de The Great Gig in the Sky. Cajas registradoras y el bajo de Waters marcando ritmo, Money (it's a crime -when it's not mine, podría añadirse-), en la que el guitarra Kilminster demostró que no tiene mucho que envidiarle a Gilmour con un solo de guitarra magistral. Relax y solaz con Us and Them, tiempo de lucirse para el saxo y coristas, enlace con Any Colour You Like, las risas envolventes de Brain Damage, "I'll see you in the dark side of the moon" debía ser la clave para que el prisma refulgiera y proyectara la descomposición de la luz, con la luna de fondo en la pantalla, pero como ya comenté, eso no ocurrió y el colofón Eclipse nos lo dijo todo, cerrando Dark Side Of The Moon.
El grupo hizo una reverencia y volvió al momento para los bises, para los que Waters tuvo a bien rescatar de nuevo The Wall y deleitarnos con el espectáculo de The Happiest Days Of Our Live y la concatenación lógica: The Wall, la mítica, para disfrute del personal. Luego un regalazo para mí, Confortably Numb, uno de los temas que más me emocionan y que sirvió como colofón final a un concierto para mí mítico. Quizá fuera por ser la primera vez, porque tiene pinta de ser el único que voy a poder presenciar, ya que Waters va a embarcarse en otros proyectos y dudo mucho que Pink Floyd vuelvan para sacar disco y hacer gira, por mucho que me gustara. ¡Pondré alguna foto en Flickr en cuanto me las pasen!
Escuchando:
David Bowie - Space Oddity
Queen - Don't Stop Me Now
The Eagles - Take Me To The Limit
The Rolling Stones - It'S Only Rock And Roll
Willson Pickett - Land Of 1000 Dances
Deep Purple - Highway Star
Elvis Presley - Suspicious Minds
Lynyrd Skynyrd - Free Bird
Jerry Lee - Great Ball Of Fire
The Eagles - Take It Easy
Pink Floyd - Hey You
Pink Floyd - Confortably Numb
Pink Floyd - Money
Alice In Chains - Nutshell
Queens Of The Stone Age - In My Age
Rainbow - Difficult To Cure
Rush - Fly By Night